A Antonio Monzonís Guillén
Antonio
Maestro
Leyenda
Amigo
Me
busco en las letras de tu nombre,
te
escribo para sentirte en cada grafía,
para
arroparme con tu sonrisa
en
cada palabra que mantiene en pie
mi
pluma,
abstraída
y danzarina
por
los jardines del viejo cauce
de
nuestro amado Turia,
algazara
de soñadores
y
vergel de afortunados,
de
damiselas con corazón flamante
resguardado
bajo el embrujo
del
brillo de su peineta;
de
galanes encandilados
enfundados
en su fajín,
cobijando
sus pensamientos preocupados
en
un silencio, ornamentado
de
guiños, piropos e incitaciones
con
el fin
de
soportar sus propias palpitaciones
en
la espera extasiante
de
la reacción de su ‘reineta’.
Maestro
Leyenda
Amigo
De
tu mano vi otro mundo
de
caminos encantados,
de
imposibles encontrados,
donde
tu dolor
también en mí rasgó el espacio.
también en mí rasgó el espacio.
Me
duelen tus espinas, Amigo,
a
pesar de –o tal vez por eso-
que las guardas sólo para ti,
que las guardas sólo para ti,
dedicándome
la confortabilidad del tallo
y
la suavidad de los pétalos.
Maestro
Leyenda
Amigo
¿Qué
puedo decirte
si tú siempre vas
conmigo?
Que
te extraño cada día,
aunque nunca te lo
digo.
® Lucía Navarro Luna

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